Quietud

Ayer, cuando iba en el metro,  leí una historia que me hizo reflexionar sobre el objetivo final de nuestra vida,  ese gran objetivo que la mayoría queremos: vivir en paz, con tranquilidad. 

La historia es la siguiente:

“El pescador”

《Un hombre adinerado pasaba sus días pescando en el lago contiguo a su mansión.  Cada vez, veía en aquel lugar a un hombre muy pobre que vivía en una choza tambaleante. Pescaba con un palo y una cuerda. Lo hacía casi una hora;  pocas veces conseguía más de dos pescados. Entonces,  se iba a su casa.

Los años pasaron y, frustrado de tanto meditar,  el hombre rico se acercó al pobre:

– Disculpe, por favor,  pero hemos pescado en este lugar por años,  y siento curiosidad.  Usted viene aquí diariamente,  logra pescar muy poco y luego se dirige a su casa. Sólo me pregunto por qué no permanece un poco más de tiempo.

– Mire- continuó- si usted se queda cada día una o dos horas más,  podría vender en la ciudad el pescado que le sobre. Conseguiría dinero suficiente para adquirir una vara mejor,  y así tener una pesca considerable. Tal vez pueda hacerse con un bote y una red. Pescaría más aún,  y hasta contratar otro hombre y un bote adicional. Pronto no tendría que estar todo el día en el agua,  sino que llegaría a ser dueño de una gigantesca compañía,  la cual le reportaría gran cantidad de dinero.  Entonces,  fácilmente podría pasar sus días pescando solo, el tiempo que desee, haciendo lo que le place y sin preocupaciones.

– Pero señor,  no entiendo -dijo el hombre pobre-,¡eso es precisamente lo que hago!.》

La raíz de todo mal es el amor al dinero.

Hay una canción de Marcos Vidal que dice: ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si su corazón no ha conocido el reposo verdadero?

No sabía cómo titular este post, pero creo que la palabra más acertada es Quietud.

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